Recuperar el enigma. Francesca Woodman

Francesca Woodman, Espacio AV, Murcia
Comisarios: Isabel Tejeda y Mario Pierini
Publicado en El Cultural, 8 de marzo de 2009

No es fácil ver una exposición de Woodman. En España, al margen de colectivas, hemos de remontarnos hasta 2002 (en PhotoEspaña y Tecla Sala), cuando se dieron a conocer algunas imágenes, de indeleble recuerdo. Esta retrospectiva, con 120 fotografías –incluyendo una veintena de inéditas-, algunos vídeos y una instalación, rechaza la mistificación para abordar la evolución de su aprendizaje y avanzar una interpretación en clave performativa.
En la imagen que abre el recorrido –supuestamente, su primera fotografía a los trece años- vemos a una adolescente con la melena echada hacia delante cubriéndole todo el rostro, mientras de su mano surge un haz oblicuo borroso –el alargador del obturador para el autorretrato- que alcanza la base de la fotografía en un plano desenfocado, de indiscernible visibilidad. Se diría, una imagen emblemática de “retrato del artista adolescente”: sola, torpe y ocultándose, sin aceptar su rostro, su identidad. Pero ya certera, con una limpia composición en diagonal, que deja en el triángulo de la figura ofuscada el enigma. Increíblemente ahí ya está todo: el autorretrato, la identidad en desasosiego, la instantaneidad del disparo que subraya la fugacidad del momento (no su plasmación estática), el recurso a suplementos (y fetiches), la ambigua determinación visual que atrapa la observación demorada -también asistida por una utilización de la luz de sensibilidad fantasmática-; y, finalmente, como marco, la arquitectura del rincón (el quicio, la esquina, etc.): ámbito de una búsqueda de acogimiento, de pertenencia (y luego, de juego, de reconocimiento), que Woodman ensayará una y otra vez. Durante 8 años, la joven artista hace la misma fotografía. Básicamente, un autorretrato: parcial, fragmentado o travestido, pero sin rastro de narcisismo –como afirma inclusive Rosalynd Krauss-, puesto que ella permanece apenas reconocible entre foto y foto, siempre en transformación, inestable y fugitiva.
Al principio, sorprende el descaro: se fotografía desnuda al aire libre, en recodos de parajes naturales románticos o, más bien, de gusto decadentista. Pero durante sus estudios en Providence (1975-1978), Woodman parece ya probar todas las posibilidades que le ofrecen las investigaciones más innovadoras en el seno postminimal, conceptual y feminista; mientras sus anotaciones subrayan su carácter reflexivo y aliento poético. En sus ejercicios de escuela es difícil no ver referencias a Richard Serra y Ana Mendieta. En concreto, la asimilación de la revisión feminista es evidente en su estancia becada en Roma, donde repasa irónica la historia del arte, desde las diosas griegas hasta las hacendosas mujeres junto a la ventana de la pintura holandesa. Sin embargo, más que aprendiz -al llevar esas estrategias a su propio terreno con inusitada madurez-, Woodman se sitúa al mismo nivel, confirmándose más bien como precursora y, sin duda, una de las figuras más influyentes hasta hoy. Al cabo, es puro woodman indicar un presentimiento tan contemporáneo como que “el vacío es la dimensión constitutiva de la subjetividad”, en palabras de Slavoj Zizek.
En ese vacío a completar, en la indagación de signos y espacios adecuados, Woodman va desde la predilección por lo anticuado y ruinoso (muy del gusto de esa generación, como por ejemplo Zoe Leonard, incluso en la saturación del positivado de las fotografías: como si fuera la última sensible a lo aurático, vivido, tangible); a un creciente interés conceptual por el contraste formal con la geometrización, como se ve en la recreación de una exposición de fotografías en gran formato de Woodman, en forma de instalación. De manera que la ascendencia en su trabajo de las secuencias de Duane Michals, tan impactantes durante los setenta y que influyeron tanto a Woodman: en su relectura del surrealismo, la defensa conceptual de los pequeños formatos y la poética de la fotografía como visualidad interior y enigmática; se ve reformulada aquí –también con los vídeos- por la práctica performativa corporal que cuestiona (y confirma) como el eslogan de neón de Bruce Nauman que “The true artist helps the world by revealing mystic truths”.