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Christa Bürger

Christa Bürger, “He leído la metafísica de las costumbres”. Las cartas de Marie von Herbert a Kant.

Presentación de la conferencia celebrada el 3 de noviembre de 2005 en la Sala de Juntas de Filosofía, UAM

Christa Bürger, actualmente profesora de la Universidad de Bremen, anteriormente fue profesora de lengua y literatura alemana en la Universidad de Frankfurt, desde 1973 y 1998, año en el que funda allí la colección editorial de Textos Feministas (Frankfurter Feministische Texte), como fruto de esta orientación feminista en el campo de la teoría de la literatura en la que viene trabajado desde la década de los 80.
Entre otros, ha publicado, por ejemplo, Tradition und Subjektivität (1980) y recientemente Mein Weg durch die Literaturwissenschaft (2003) (mi camino, mi itinerario por la teoría literaria). Y hoy en día es reconocida como una autoridad en el terreno de la reflexión sobre la subjetividad, reclamada e invitada a participar en diversos foros en la escena internacional, como, por ejemplo, el encuentro celebrado muy recientemente en el Moderna Museet de Estocolmo a raíz de la exposición “Munch by Himself”.

Traducido al castellano, disponemos de La desaparición del sujeto. Una historia de la subjetividad de Montaigne a Blanchot , en donde el prof. Felix Duque, director de la colección de pensamiento de Akal, decidió editar juntos las perspectivas sobre el sujeto de Peter Burger – aquí presente- y Christa Burger, a partir de dos ensayos que fueron editados por separado al final de los 90. Un índice de la repercusión de este libro en nuestro país quizá sea que, publicado en 2001, hace tiempo que ya está agotado.
Con este libro, Peter y Christa Bürger, desde diferentes perspectivas, respondían a la muy amplia producción ensayística sobre la importancia de la constitución del sujeto moderno en la tradición del idealismo alemán (ver, p.e., todavía más o menos reciente, el estudio de Andrew Bowie, La estética del sujeto. La filosofía alemana de Kant a Nietzsche y la teoría estética actual (1990), Visor, 1999.
Porque el giro del pensamiento postestructuralista supone también una revisión fundamental de la noción de sujeto, que se hace central en la reflexión Posmoderna desde muy distintas aproximaciones, desde las técnicas del yo de Michel Foucault a la gramática del sujeto de Julia Kristeva, y su célebre trilogía indagatoria de las biografías de Hanna Arendt, Melanie Klein y Colette.
En la teoría feminista, evidenciar la importancia de las dificultades de la introducción del discurso del sujeto mujer en la tradición hegémonica, masculina (o patriarcal) es un problemática nuclear, que ha dado lugar a un nutrido corpus de investigaciones desde las perspectivas de las diversas humanidades y las ciencias sociales. Incluso, ha desembocado en la petición o exigencia de la creación de una lengua de mujeres, una escritura exclusivamente femenina, como la llevada a cabo, con fascinante reto, por Hélène Cixous.
Pero, su médula se encuentra en el análisis de la genealogía de la palabra de las mujeres.
La profesora Christa Bürger ha destacado como una analista de inevitable referencia en la génesis de los impedimentos del sujeto femenino para constituirse como interlocutora del pensamiento filosófico durante la Modernidad.
En los capítulos redactados por ella de La desaparición del sujeto que, intercalados, vienen a ser un contrapunto de la revisión realizada por Peter Bürger, ha iluminado los diálogos entre mujeres y filósofos y literatos en la Modernidad, hasta ahora ocultos y que así hubieran quedado, “apagados” por el paso del tiempo, si no hubiesen sido rescatados por ella. Se trata de cartas, género menor e íntimo, en las que algunas mujeres: Henriette, Marie-Sohie Leroyer de Chantepie … interpelan a Rousseau y Voltaire, a Flaubert, inquietas y perturbadas, angustiadas al reconocer no poder identificarse con esa constitución del Sujeto moderno, masculino, y quedar así excluidas del reino y cualquier misión transcendente en la vida.
Hoy, aquí, la profesora Christa Bürger, nos hablará sobre el intercambio epistolar entre Marie von Herbert y Kant. La voz de una mujer suicida que pide el auxilio de la filosofía, una tradición de pensamiento que históricamente ha legitimado su misoginia respaldada por la Verdad, con mayúsculas.
En este contexto, que en parte sigue siendo el nuestro, a causa de la resistencia académica de las disciplinas, estoy segura de que esta lección magistral de Christa Bürger pasará a ser una intervención a recordar en los anales de nuestro departamento de Filosofía y en nuestra Universidad.

Pierre Bourdieu, La dominación masculina

Publicado en EXITBOOK

Sigo recomendándolo, porque creo que es uno de esos libros que te pueden cambiar la vida. Incluso si ya conoces mucha literatura feminista. Y además, tiene la ventaja inicial de que algunos lectores no se prevengan ante un aburrido ensayo de mujeres (lo que es un síntoma más de la persistencia sorda del machismo). Prácticamente, fue la última monografía de Pierre Bourdieu (1930-2002), que en su última etapa publicó varios volúmenes de recopilación con sus conferencias contra el neoliberalismo y los medios de masas. Sin embargo, para abordar la pregunta sobre cómo es posible que la dominación masculina haya “podido sobrevivir a los profundos cambios que han afectado a las actividades productivas y la división de trabajo?”, el autor volvió a recurrir al material que da forma a la piedra angular, fundacional, de toda su trayectoria intelectual: su investigación en los sesenta de la sociedad y los ritos en la región argelina de la Cabilia, cuya referencia se halla, por ejemplo, en las desigualdades educativas con base sexual de Los herederos (1964) y La reproducción (1970). Y todavía en El sentido práctico (1980) –el más importante en la sistematización de su metodología de investigación-, donde la oposición masculino-femenino era ya el núcleo en la construcción de la hexis (figura) corporal, fruto de "la mitología política realizada, incorporada, convertida en disposición permanente, manera duradera de mantenerse, de hablar, de caminar y, por ello, de sentir y de pensar". Sin embargo, La dominación masculina (1998) –una versión muy ampliada de un artículo homónimo de 1990- obtuvo una acogida desigual, debido al aparente escaso reconocimiento que el sociólogo francés prodigaba a la teoría feminista de las tres últimas décadas del siglo XX. Lo que no impidió que desde su publicación se perfilara como un clásico de la crítica al patriarcado hasta hoy.
Lo fascinante de este ensayo radica, al inicio, en ese ”rodeo por una tradición exótica, indispensable para romper la equívoca relación de familiaridad que nos liga con nuestra propia tradición”, con que Bourdieu, con su estilo directo y algo rudo, establece una especie de distanciamiento brechtiano que se revelerá muy eficaz. Pues, apenas sin darnos cuenta, con esa arqueología hace que identifiquemos los habitus sexuados que seguimos reproduciendo en las sociedades avanzadas. Es su método para romper la causalidad circular que encierra el pensamiento en la evidencia de las relaciones de dominación: al justificar la diferencia social en la diferencia anatómica, que a su vez se hace “garante de la apariencia natural de la visión social que la apoya”. Ya que, “la fuerza especial de la sociodicea masculina procede de que acumula dos operaciones: legitima una relación de dominación inscribiéndola en una naturaleza biológica que es en sí misma una construcción social naturalizada”.
Pero si Bourdieu no escatima esfuerzos en demostrar que sigue imperando la ley no explícita de la violencia en la economía de los bienes simbólicos inscrita en el cuerpo de las mujeres. Sin embargo, más atento a la lectura de Al faro de Virginia Wolf que a la victimización frecuente en la literatura feminista -que reduce la dominación a una simple relación de agente y paciente (lo que equivale a reemplazar el análisis por indignación moral)-, el autor también subraya la asimilación de la “asimetría radical” en la valoración de las actividades masculinas y femeninas especialmente por parte de la mujer de la pequeña burguesía (la lectora previsible del ensayo), al protagonizar y servir de vehículo a la forma extrema de alienación simbólica: la autodepreciación y autodenigración dependientes de su exposición “a la objetividad operada por la mirada y el discurso de los otros”. Al tiempo que es blanco de la política neoliberal que tiende a reducir la dimensión social del estado y la ‘desregulación’ del mercado de trabajo: lo que Bourdieu recrea con ejemplos jugosísimos sobre la “tasa de feminización” en el ámbito laboral. Y termina de convertir la lectura este ensayo, de golpe, en traumática conciousness.
De todo lo anterior se sigue que, a pesar de que Bourdieu discrepara de la posible ‘guetización’ y sectarismo en la alianza entre feminismo y movimiento gay como grupos estigmatizados -desde una postura moderna que alerta de la necesidad de revertir al servicio del movimiento social en su conjunto la subversión de estos movimientos posmodernos que con un fuerte capital cultural han ampliado el área de lo politizable -, no cabe duda de que apreció la relevancia filosófica del concepto de sujeción (en su doble sentido de formación del sujeto/sumisión) de Judith Butler, por más que caricaturizara sus “parodic performances predilectas”. Por otra parte, el post-scriptum sobre la dominación o el amor atestigua de nuevo el respaldo que quiso dar a este ensayo, asociándolo con la mistificación del “amor al arte” que le había encumbrado como un pensador imprescindible para la reflexión estética contemporánea.