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La Thyssen recorre cinco siglos de arte a través de la colección Jan Krugier

Miradas sin tiempo. Dibujos, pinturas y esculturas de la Colección Jan y Marie-Anne Krugier-Poniatowski, Museo Thyssen, Madrid
Publicado en “Revista”, suplemento semanal de LA VANGUARDIA, 27/2/2000

Cuando el fantasma de la xenofobia vuelve a merodear por Europa, el coleccionista Jan Krugier dedica esta primera muestra pública de su colección a las víctimas del holocausto, entre los que perdió a sus propios padres y hermanos. Él mismo fue superviviente de tres campos de concentración. La recuperación debió ser muy lenta, porque sólo a principios de los años sesenta, después de haber estudiado Bellas Artes en Zurich, Krugier, que procedía de una familia judía polaca y por añadidura coleccionista de arte, abrió una galería en Ginebra, aconsejado por su amigo el escultor Alberto Giacometti. Después, en 1968 adquiere el primer dibujo de Seurat, uno de esos bosquejos con barra conté negra en donde las manchas de luces y sombras apenas insinúan oscuros personajes y paisajes. La elección es significativa, porque indica un propósito al margen de su actividad como galerista, una búsqueda en el tiempo más allá de la época presente, un requerimiento de los valores del arte ajenos a la moda : la quietud del legado de las formas. A partir de entonces, con la ayuda de su mujer la pintora Marie-Anne Poniatowska, la colección se fue ampliando cronológica y geográficamente, abarcando en la actualidad desde el siglo XV hasta el XX y sobrepasando la tradición occidental, con esculturas helenísticas, egipcias, africanas e incluso un conjunto de estatuillas íberas que antes pertenecieron a la colección de Picasso. Pero también se fue aclarando su tono, con un espíritu ensanchado por la jovialidad, que se destaca aquí en la sala dedicada a Paul Klee, y conducido estrictamente por la excelencia en el arte. Los Krugier han excluido de su colección todo el dolor expresado a través de la historia del arte y que los nazis denominaron “arte degenerado”. “Miradas sin tiempo”, el título que para esta exposición ha elegido su comisario Tomás Llorens, conservador jefe del Museo Thyssen-Bornesmiza de Madrid, alude a la salvación de la zozobra espiritual mediante el arte, a esa dimensión ahistórica de las obras maestras que hacen palpable el espejismo de la noción de progreso, superando las profundas decepciones que ha acarreado en nuestro siglo.
Es absolutamente extraordinario que un particular pueda haber recogido en estas últimas décadas esbozos y apuntes de los maestros italianos : desde Benozzo Gozzoli a Cosimo Tura, junto a Carpaccio, Beccafumi, Bronzino, Il Parmigianino, Veronés, Tintoretto y los Carracci. Pero también se encuentran francamente bien representados los academicismos del XVII, con tintas de, por ejemplo, Poussin y Claudio Lorena, y el arte francés y rococó del XVIII, en donde sobresale la sensual “Joven dormida” de Boucher, todavía libre de la ambigüedad de sensaciones, entre la atracción y la humillación, que despierta el “Estudio de desnudo acostado” de Delacroix. Una devaluación de la representación del cuerpo de la mujer, anteriormente enaltecido por la mitología y la religión, que progresivamente va afirmándose con el nacimiento de la pintura moderna, como podemos apreciar en el lánguido gesto cotidiano del pastel “Mujer en la bañera” de Manet.
Porque aún mayor intensidad alcanza el recorrido cuando llegamos a las salas dedicadas al largo siglo XIX, donde, a través del género del paisaje y el criterio formal de “línea, sombra y movimiento” se termina de expresar el exquisito gusto de esta colección. La “verdad atmosférica” del “Planeta (Saturno)” de Víctor Hugo es un buen ejemplo, como subraya Kosme de Barañano en el catálogo, de la sensibilidad hacia la construcción de un espacio imaginario con los meros instrumentos de manchas (antes que líneas) y luces que conforma la experiencia pictórica moderna, desde los resplandores del paisaje fluvial de Turner al frágil “Sotobosque” de Cézanne.
La muestra, que podrá visitarse hasta el 14 de mayo, es una ocasión excepcional para contemplar la más amplia selección de la colección, con pinturas y esculturas (que no se vieron en las exposiciones precedentes en Berlín y Venecia) junto a doscientas obras sobre papel, auténticas joyas que bien ponen en entredicho la jerarquía de las técnicas : óleo, acuarela, témpera, tintas y carboncillos. Todo es excelente en esta colección y a cada paso causa sorpresa y admiración, realzado por el inteligente montaje, que enriquece el recorrido animado por diálogos : De Chirico junto a Andrea Mantegna y los Quattrocentistas. Y otros encuentros : entre Picasso, Rembrandt y Giacometti, las afinidades de Goya y Gericault, o las tallas africanas junto a los vanguardistas Matisse, Beckmann y Kandinsky. Un guión espiritual que rechaza el paso del tiempo.

Fernando Botero. Pintor de colección

Publicado en Magazine, rev. dominical de LA VANGUARDIA, 18/6/2000

Fernando Botero, el artista vivo latinoamericano más conocido en todo el mundo, inaugura el próximo septiembre la Donación Botero en el Museo Banco de la República de Bogotá. Antes y en exclusiva en Europa, pueden verse más de ochenta obras de arte impresionista y contemporáneo de esta colección en la Fundación Banco Santander Central Hispano de Madrid, hasta el 4 de julio.

Con cincuenta años de profesión a sus espaldas, Fernando Botero (Medellín, 1932) nos recibe como un perfecto profesional del mundo del arte. Como en más de una ocasión él mismo se encarga de recordar en esta conversación, es uno de los principales artistas en la actualidad, con mayor popularidad entre el público y mejor cotización en el mercado. Pero, además, es un artista que cree en los datos de un largo curriculum: es capaz de recordar en qué año y qué museo adquirió una obra suya. A ello se suma ahora su faceta de coleccionista, que desempeña también de manera ejemplar: conoce perfectamente la procedencia de cada obra y respalda su elección con los préstamos que de ellas ha hecho ya a los principales museos del mundo. Con casas en Nueva York, París, Montecarlo e Italia se presenta como un gentleman cosmopolita y ahora, entregado a presentar su colección, se muestra deseoso de conceder entrevistas y ruedas de prensa. Accesible, relajado e incansable. Nos recibe en un lujoso hotel madrileño, vestido con una internacional americana príncipe de gales que al día siguiente, en la sala de exposiciones, luciendo como artista, cambiará por una gastada chaquetilla de ante. Desde el principio crea un clima de amabilidad. Después le veré posar con docilidad siguiendo las indicaciones de la fotógrafa, incluso cuando le hace dar una y otra vez pasos adelante y atrás cruzando los espacios de la exposición. Pero lo primero que me sorprende es su voz, muy cálida, y que envuelve en una conversación ágil, simpática, con ese gracejo del acento colombiano que enfatiza para redondear especialmente algunas palabras: “sensualidad”, “ternura”, “color”, “plástica”, como si fueran alguna de sus obras, esas “inflated images” que juegan con el equívoco de una cotidianeidad ensalzada junto a la mirada irónica que proyecta en el rol de sus personajes.
Ahora Botero está muy ilusionado con esta donación de noventa obras “de Corot a Barceló”, que satisfecho ve reunidas por primera vez, entre las que hay también piezas imprescindibles de la escultura contemporánea (Moore, Ernst, Calder, Caro ...) y a la que se sumarán más de cien obras suyas, entre pinturas y esculturas. Realmente se emociona cuando habla de su país, de su granito de arena para que las cosas mejoren: “Yo amo mucho a mi país. Y sobre todo ahora que está peor que nunca. Cuando pensé en hacer una donación, pensé lo primero en mi país. Es lo lógico. Allí hay museos, pero no colecciones de arte internacional. Con este gesto, se ha producido algo de optimismo, de alegría, de esperanza. Lo estoy haciendo ahora, en el peor momento político y económico, con la esperanza de que esto traiga un poco de alivio a la gente que está pasando un momento muy díficil. Espero que ayude a acelerar el proceso de mejoramiento. Y el placer que siento al hacer esto es mucho mayor que el de tener las obras, aunque sea doloroso desprenderse de ellas”
Le señalo que hoy en día no es tan frecuente la figura del artista-coleccionista, a la manera de Degas, aunque los artistas suelan intercambiar obra. Pero Botero contesta con orgullo de coleccionista que la mayoría de los artistas de su impresionante colección, valorada en 6.000 millones, están muertos: “de los vivos sólo conozco a Valdés, a Raymond Mason y a Mata, pero con ellos no hice ningún intercambio” Y subraya: “En este caso fue todo adquisición directa de la galería, como la de Richard Estes y la de Alex Katz” (que, como él, pertenecen a la galería Marlborough). “Lo demás ha sido sobre todo a través de las subastas”.
El éxito y su ojo de artista le han permitido hacerse en estos últimos treinta años con obras sin duda maestras (entre los españoles: varios Picasso, Miró, Dalí, Julio González, Tàpies, ... ) aunque lamente “lagunas tremendas: no hay ningún van Gogh, ningún Gauguin y ningún Cézanne ...” muy a su pesar, por los precios exorbitantes, como ha repetido una y otra vez a los medios. Pero por muy impresionantes que sean su Monet, su Sisley, sus Degas y sus Renoir, ahora comenzamos una conversación en la que pretendemos salirnos del guión promocional para hablar de su posición frente al arte contemporáneo.

Usted como coleccionista al principio se interesó por la pintura postcolonial. Una vez que “la vida comenzó a ser más fácil”, a raíz del reconocimiento mundial de su obra desde finales de los sesenta, la primera obra que adquirió para lo que después sería esta colección fue un dibujo de Léger. Quizá en un principio había una búsqueda de sus propios ideales ...
Yo he sido muy partidario de la pintura figurativa. Creo que la pintura figurativa puede ser más completa que la pintura abstracta, que es decorativa, en un sentido muy exigente, si se puede hablar así ... Y entonces las obras que adquirí en principio eran obras que tenían esta característica, que eran figurativas: Bonnard, Picasso, Bacon, obras que tenían más relación con mi posición de artista. Y después comencé a adquirir obras también abstractas, cuando empecé a pensar que quería crear un pequeño museo en Colombia.

¿Cuándo decide que esta colección será una futura donación para su país?
Hace como tres o cuatro años estaba en Mexico de vacaciones, en la piscina, y empecé a pensar en los cuadros, haciendo una recopilación en la mente, de cuadros que ni siquiera yo podía ver, porque la mayoría estaban guardados en el depósito ...

Así que las obras de tendencia abstracta las ha comprado recientemente
Sí, por ejemplo, el Tàpies, el Barceló, el Rauschenberg ... Con la idea de dar a la gente una idea más didáctica de cómo ha sido la evolución de los artistas del siglo XX. Obviamente el arte abstracto ha tenido un lugar prominente en la evolución del arte del siglo XX, yo diría que en realidad hay más obras de arte abstracto que figurativo y tuve que adquirir también obras abstractas. Cuando uno es coleccionista tiene que ser más tolerante que cuando es pintor.

Entonces, ¿cuál ha sido el criterio?
Nadie de la colección tiene relación conmigo. Yo tengo mis ideas, pero admiro ese sectarismo, ese individualismo o esa personalidad de los artistas que están aquí. Porque a mí me parece que un artista lo primero que tiene que tener es personalidad. Porque la historia del arte es la historia de la gente que ha tenido personalidad, que quisieron hicieron las cosas a su manera. Y eso es la historia del arte. Todos estos artistas tuvieron una posición muy clara, muy radical, muy distinta y por eso son respetables todos. Un Bacon es un Bacon, un Beckmann es un Beckmann y cada uno tiene su mundo, su universo, su manera de hacer. eso es básico en el arte. Yo no compro obras que se parecen a alguien, eso no me interesa. Sólo los que tienen una personalidad total.

¿Es ese personalismo lo que falta en el pop? Aunque su colección no tenga pretensión de exhaustividad –de hecho como ha señalado Juan Manuel Bonet en el catálogo faltan nombres de primera fila: Klee, Kandinsky, Mondrian ...-, sorprende un poco la ausencia de los artistas del pop norteamericano
Tuve obras pero me arrepentí. Dos veces he tenido Wesselmann en casa pero a la semana estaba aburrido y lo devolví. También me han ofrecido muchas veces Warhol, pero siempre me ha parecido que tenía un precio excesivo, como si fuera un Picasso, sobre todo considerando que toda esa obra es seriada.

Pero el pop es el inicio de una cadena de rupturas en el arte que llega hasta hoy, ¿cómo ve la situación del arte actual?
La causa de la decadencia del arte, según mi punto de vista, es que ha perdido no sólo su propósito: que sería, para mí, dar placer y ennoblecer al hombre, y se ha remplazado más bien por el interés en producir shock o “epatar al burgués”. Y por otra parte, la esencia de la pintura, que es una superficie plana con colores y formas, pues también se perdió.

¿Se refiere a los nuevos lenguajes ...?
Obviamente el vídeo, la instalación y todo eso son formas de expresión artística, eso no lo discute nadie. Pero que tienen que ver más con el cine, con la fotografía o con el teatro, que con plástica. Porque las artes plásticas son artes plásticas: la pintura, la escultura y la arquitectura, son las artes plásticas, sobre todo la pintura. Y eso tiene una esencia y es que la pintura se hace sobre una superficie plana. Muchos artistas piensan que hoy en día ya no se debe pintar sino hacer vídeos. Y sí, son artistas, nadie ha negado que sean artistas, y eso es arte, indudablemente; pero que eso vaya a reemplazar a la pintura, no. Esa falta de propósito y falta de esencia ha creado una grave crisis en el arte.

¿Cuál es, en su opinión, la salida?
Como el arte evoluciona y reacciona contra lo que se hace no tendría nada de extraño que viniera una nueva generación de artistas que restableciera la esencia y el propósito del arte, hacia un arte con más sentido.

¿En esa línea de reacción?
Sí, porque uno ve cómo el arte ha evolucionado. Por ejemplo, vino como una simplificación a través del abstraccionismo y la frase famosa de que “menos es más”, y cada vez el arte fue menos y menos hasta llegar al minimalismo. Y cuando llegó a ese minimalismo total, entonces se dio la reacción contraria y los artistas rompieron con el hiperrealismo, que era exactamente lo contrario. A veces el arte evoluciona así: está en un extremo y salta al extremo contrario. Ahora el arte está en un momento que es así: hacia cierta tecnología, hacia cierta deshumanización, hacia cierto teatralismo .. una cosa que tiene que ver más bien con la tecnología y no con las artes plásticas. Y entonces se puede producir una generación de artistas románticos, con gran intención en el oficio, en la poesía e incluso en la ternura, ¡hasta podría volver a pintarse cuadros tiernos!

Ya veo que para usted es una cualidad importante en el arte
Hoy en día es tabú una cantidad de cosas que nunca fueron tabú. Por ejemplo, la palabra ternura en arte pone enfermos a ciertos críticos. Yo siempre digo que ni Renoir ni siquiera Botticelli serían famosos si hubieran surgido hoy en día, sino que serían considerados artistas de quinta categoría porque son tan tiernos, ¡tan repugnantemente tiernos!. Pero el arte ha sido tierno muchas veces y hay obras maestras que son así, tiernas. Y no me extrañaría que de pronto viniera una generación que los llamaran “los tiernos”, por reacción contra todo este vandalismo artístico.

Desde luego no dejan de salir jóvenes que quieren volver a la pintura ...
Pues sí, puede haber una reacción. Porque el olor de la pintura, de la trementina, el tocar los pinceles, los colores, las telas ,... todo eso son las artes plásticas. Es el placer sensual que tiene el artista con sus materiales, con su trabajo todo el día. Otra cosa es que el artista hoy en día tiene una idea, y luego no tiene nada que hacer. Lo maravilloso del arte es que se trabaja con las manos, que es una pasión del día entero. Es una lástima que muchos artistas no hayan tenido el privilegio de gozar las artes plásticas, los materiales y el trabajo manual que encierran.

En su caso, a veces ha habido discrepancias entre la recepción de su obra por parte del público y por parte de la crítica. Es decir, Botero es un artista que llega universalmente a la gente pero entre la crítica ha habido muchas opiniones.
A mí no me ha hecho la crítica, eso es cierto. A mí me ha hecho el público. Al mismo tiempo yo soy el pintor vivo que más exposiciones en museos ha tenido en todo el mundo. Si usted mira un catálogo mío ve que hay más de ochenta exposiciones en museos, y los directores de museos también son críticos de arte.

Pero ¿usted se ha sentido perjudicado, como pintor figurativo junto a otros figurativos, por cierta crítica defensora de los valores de la vanguardia?
Debo decir que no. Bueno, sí, un crítico me pudo haber... o me perjudicó, digamos. (ríe). El perjuicio que puede hacer la crítica a un artista sí me sucedió en carne propia y lo sentí muy claramente. Porque cuando expuse mi primera vez en Nueva York ya había exhibido en el Museo de Arte Moderno un cuadro con una forma muy visible y había muy buen ambiente para mi trabajo. En la primera semana se vendió toda la exposición. Entonces, un crítico del New York Times terminó mi exposición: acabó con ella. Efectivamente, empezaron a llamar por teléfono los que habían comprado los cuadros: “Bueno, sabe que tal vez no ..., quizás no quiero esta obra... ” y me devolvieron casi todos los cuadros. Ahí sí sentí en carne propia. Claro, que hoy en día ningún crítico me puede tocar ni con un cañón, soy in-des-truc-ti-ble. Total, que hoy en día me da igual si hablan bien o mal. Pero entonces sí lo sentí, era un pintor joven que no tenía ninguna trayectoria. Pero hoy en día no hay ningún artista que tenga más libros ni más exposiciones que yo.

Al final de los años ochenta se produjo el boom del mercado del arte y la primera oleada de arte latinoamericano
La verdad es que el arte latinoamericano empezó a tener existencia a través de las subastas de Christie’s y Sotheby’s, eso fue saludable. Antes no existía un interés ni casi un conocimiento de la obra de los artistas latinoamericanos. Y estos catálogos y publicaciones de todas esas casas para los coleccionistas han empezado a crear un interés mundial por los artistas de Latinoamérica. Hoy en día hay muchos artistas que exponen en los grandes centros del mundo artístico y al mismo tiempo muchos artistas han sido replantados por galerías muy importantes y todo esto ha hecho que el arte latinoamericano haya empezado a existir.

Cuando se produce este boom usted ya es considerado un maestro
Yo fui tal vez el primer latinoamericano que tuve galerías importantes, sin contar obviamente a los grandes muertos: Lam ... Pero de esta generación que están vivos fui el primero en estar representado en galerías, museos, etc. En Colombia nadie había tenido una galería en su vida, nadie había tenido un marchand, nadie había expuesto en un museo. Fui como un pionero.

Su obra entonces se revalorizaría económicamente en el mercado ...
Todo el arte tuvo un boom enorme en los años ochenta. Después vino un periodo “de navaja” y bajaron los precios. Pero yo siempre tuve la política de que si se vendía un cuadro mío muy caro en una subasta yo no iba a tocar mis precios. Y así mis cuadros no han tenido ni subidas ni bajadas dramáticas. Se venden a un precio bien, soy uno de los artistas más cotizados. Y sigo vendiendo.

¿Va a seguir coleccionando?
Pues sí, mis casas han quedado vacías. Y cuando uno es conocido como coleccionista recibe montañas de catálogos y de fotografías de las galerías y toda clase de ofertas, así que llenaré los huecos que me han quedado en las paredes.

¿Y sus cuadros?
Yo no tengo obras mías en mi casa porque cuando uno tiene un cuadro propio en casa sigue pintándolo mentalmente ¡No hay descanso! De los otros no me importa, pero los míos sí los sigo pintando.

¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?
Ahora tengo una gran exposición retrospectiva en Turín que dura hasta julio. Luego está todo este proyecto de donación en Bogotá y la plaza de las esculturas en Medellín. Y después el año entrante tendré una exposición en Roma, otra en París, en San Ildefonso de México, en un centro en el que hacen cosas muy interesantes. Todo el tiempo uno tiene invitaciones aquí y allá, y yo sigo trabajando. Yo trabajo muchísimo, todo el tiempo, es mi gran pasión. Un día sin trabajar para mí es como un día incompleto. Vivo trabajando y tengo una obra muy extensa porque he trabajado tanto. Mi primera exposición individual la hice en abril del 51: así que, usted imagínese, cincuenta años de trabajar todo el día es mucho lo que se produce, da para muchas obras.

De todas ellas, ha elegido un solo cuadro para esta exposición
Es representativo de las cien obras mías, entre pinturas y esculturas, que donaré a Colombia. Por otra parte, es un tema muy característico de mi pintura: la familia, que es un problema muy importante en Latinoamérica. Pero básicamente es el pretexto, la oportunidad de usar conocimientos de composición y color cuando se hace en un grupo. He hecho muchas composiciones de muchos personajes, porque es un problema más interesante que un solo personaje. Aparecen muchas relaciones de color. Es un tema superclásico. Un superbotero.

Rocío de la Villa


Comentarios de Botero sobre algunos cuadros de su colección (ilustraciones):

- Camille Corot, Gitana con pandereta (antes de 1862)
“Es el más antiguo de la colección. Es interesante porque Corot fue sobre todo paisajista y pintó relativamente pocas figuras. En este cuadro el fondo es un paisaje muy Corot, desdibujado. Y unos ocres y rojos maravillosos”.

- Aristide Maillol, Armonía (1944)
“Tiene esa cosa romántica, neoclásica. Es muy bella, muy tierna, muy poética”

- Henri Moore, Figura reclinada nº 7 (1978-80)
“Tiene mucha calidad, es de las mejores de estas figuras reclinadas”

- Pablo Ruiz Picasso, Hombre con pipa sentado (1969)
“Es admirable que este hombre a la edad que tenía cuando pintó este cuadro pintara el fondo con esa violencia”

- Francis Bacon, Estudio de un niño (1960)
“Creo que es el único estudio de un niño que hizo en su vida. Con una gran jugosidad y muy español, en cierto sentido”

- Max Beckmann, Madre y niño (1936)
“Admiro muchísimo a Beckmann. Esta composición es muy sorprendente”

- Giorgio de Chirico, Naturaleza muerta evangélica (1956)
“En esta época, no sé por qué, volvió a su estilo metafísico. Me hubiera gustado tener uno de 1919, pero son inaccesibles Tiene algo de oportunismo comercial, pero es un buen De Chirico”.

- Miquel Barceló, Ramo de flores inclinado (1998)
“Tiene una composición muy inesperada, con ese ramo cayendo, y además esa cantidad de materia, y ese amarillo casi de van Gogh. Me gustó desde el primer momento”

- Pierre Bonnard, Desnudo con silla (1935-38)
“Es importantísimo. Estuvo en casa de Bonnard hasta el final. La modelo es su mujer”

- Marc Chagall, El payaso volador (1981)
“Tiene una gran luminosidad. Chagall pintó tambien series comerciales, los floreros ... pudo hacer doscientos de aquellos floreros. Pero aquí se nota el esfuerzo creativo y tiene un colorido formidable”

Obras ejemplares. Zonas de riesgo

Zonas de Riesgo. Colección de Arte Contemporáneo Fundación “la Caixa”, CaixaForum Madrid
Comisaria: Nimfa Bisbe
Publicado en El Cultural, 20 de marzo de 2009

Una colección de arte contemporáneo como la de “la Caixa”, que cuenta ya con unas 750 piezas, da oportunidad para articular muy diversos argumentos. “Zonas de riesgo” responde al interés de la entidad por reforzar el perfil de “obra social” (el “alma” de la Fundación) –en estos tiempos de crisis-, intentando mostrar la cara “responsable” del arte contemporáneo. Las obras elegidas hablarían de las incertidumbres del individuo ante el actual panorama global, en el que reinan la violencia y la exclusión social. El mosaico de la “realidad” que vivimos es tan complejo que el catálogo de la exposición reúne una quincena de textos sobre los procesos culturales, sociales, económicos y personales con posicionamientos muy diversos: desde Henry Kissinger a Zygmunt Baumann, Slavoj Zizek y George Yúdice. Es evidente que la idea de “forum” ha sido adoptada como propia en la política cultural de esta entidad como gran paraguas bajo el que cabe todo. Con un programa de exposiciones que tiende al populismo: para todos los públicos y todos los gustos, sin riesgos ni compromisos.
Este proyecto –con un formato más amplio, en tres entregas, antes en Barcelona- se ha ideado para mostrar parte de las últimas adquisiciones y airear otras anteriores; alguna de dudosa pertinencia en esta colectiva, como la pintura de Francesco Clemente. Aunque se obvia por parte de la comisaria y directora de la colección cualquier intento que explique en qué procesos andan implicados los artistas, por qué eligen ciertas estrategias o cuál es la complejidad que introducen en su reflexión sobre el mundo que vivimos mediante el cuestionamiento de la representación y de la recepción de lo visual. A cambio, en esta muestra el arte habla por sí mismo.
Todo de lo que carece el proyecto curatorial viene compensado por el excelente montaje de cada una de las obras, cuyo recorrido resulta en conjunto muy atractivo. De entre los catorce trabajos, por resaltar lo mejor, es un auténtico placer volver a contemplar en Madrid las videoinstalaciones “Turbulent” (1998) de Shirin Neshat (con interminables colas la primera vez que se mostró en ARCO) y “Consolation Service” (1999) de Eija-Liisa Ahtila, con que la artista finlandesa fue catapultada al éxito internacional tras su presentación en la Bienal de Venecia. Del mismo modo que ocurrió con el espectacular “Volta (Bandeira)” (2002) del francés Stephan Dean, mostrado por primera vez en nuestro país en la I Bienal de Sevilla.
La simplicidad de medios para definir la tragedia global e individual de la migración es la protagonista de dos obras recientes muy eficaces: el vídeo del albanés Adrian Paci “Centro di Permanenza Temporanea” (2007) y el “Mobile Home” de la palestina Mona Hatoum, que pone a disposición la iconografía feminista del tendedero al servicio de exiliados y refugiados.
Finalmente, no cabe desestimar la capacidad de estas grandes instituciones para fijar ante un público muy abierto referencias indiscutibles también en nuestro país. Este puede ser el mérito de la exhibición de obras conocidas y hace poco expuestas en Madrid de Txomin Badiola, Alicia Framis e Ignasi Aballí.

Confluencia de arte y vida

Contemporánea. Colección Kunstmuseum Wolfsburg, Fundación Juan March, Madrid
Publicado en Cultura/s, 6 de abril de 2005
En vísperas de la celebración de su 50 aniversario, la Fundación March, dedicada a mostrar arte de la primera mitad del siglo XX, nos sorprende con una exposición de arte contemporáneo, como inicio de un giro en su política expositiva, que será mucho más visible en sus dos museos fuera de Madrid, en Cuenca y Palma de Mallorca. Es evidente que la responsabilidad que se sigue de esta primera iniciativa forzaba a buscar una visión significativa, y ésta la han hallado en la selección realizada a partir de la colección de un museo joven, enclavado en una pequeña ciudad alemana, Wolfsburg, fundada en 1938 para albergar a los trabajadores de la fábrica Volkswagen.
La génesis de la colección de este museo que, hasta 1994, fue sólo un contenedor vacío de exposiciones, ya es de por sí un motivo interesante de reflexión en el marco de las pacatas discusiones que se han producido con la creación de numerosos museos de arte contemporáneo en nuestro país. Carentes a menudo de un programa bien definido, y lamentablemente en demasiadas ocasiones peor desarrollado –gracias a la volubilidad de responsables políticos ajenos al caso-, la excelente línea de adquisiciones del Wolfsburg nos obliga a lamentarnos por las oportunidades perdidas recientemente. Al parecer, fue la conciencia del perfil periférico de la ciudad, lo que reforzó la necesidad de formar una colección de arte contemporáneo de prestigio internacional, para lo que se evaluaron, además, los fondos de veintidós instituciones en un radio de doscientos kilómetros, con el fin de ver las diferencias y posibles concomitancias con el proyecto, tomando como punto de partida la mítica fecha de 1968, pero rechazando la ambición de cubrir cronológica y jerárquicamente una historia del arte contemporáneo desde entonces a la actualidad. El resultado es espléndido, ya que se trata de una colección de obras, más que de nombres. Como plausible es también su criterio expositivo, al seguir renunciando a una presentación canónica y estable de sus fondos, en revisión continua bajo distintos focos y compilaciones en exposiciones temporales.
A tal objetivo responde esta muestra, en la que, si buena parte de estas obras emblemáticas ya habían sido vistas en Madrid, su reunión abre nuevos diálogos. En “Contemporánea” hay una clara intencionalidad didáctica por parte de la Fundación March para hacer transitable a sus visitantes habituales el cambio de rumbo del arte contemporáneo hacia la confluencia de arte y vida, y eso quizá explique la presencia de algunas obras que reflejan bien el planteamiento conceptual a comienzos de los setenta: como el Iglú Fibonacci de Mario Merz, el Gran Panorama Amsterdamnés de Jean Dibbets, e incluso la vídeoinstalación de Name June Paik, interesadas en cuestionar la percepción de la realidad a partir de ingeniosas construcciones geométricas. Pero que quedan un tanto alejadas ya del acuciante “retorno a lo real” manifestado, al inicio de la exposición, por algunas fotografías de la serie deconstructiva de finales de esta década Untitled Film Still de Cindy Sherman, imágenes éstas que sí ligan directamente con la sensibilidad de los noventa, a la que pertenece el grueso de lo expuesto. Discontinuidad, que no demérito, pues evidencia aún con más eficacia el modelo (aquí oculto) del referente de los materiales de la cultura popular que se impuso en los sesenta y que, más irónico y sofisticado, predomina en las últimas décadas. La poética del collage, del desecho y del accidente (Tony Cragg, Fischli y Weiss), las huellas de la memoria derruida (Boltanski y Tuymans), los paisajes e identidades en los suburbios físicos y mentales (Wall, Nauman, Schutte), conforman un panorama incompleto pero peculiar de las preocupaciones hacia márgenes y carencias que arraigan en el espectador actual; mientras fotografías de calidad de refinado reporterismo (Araki, Billingham) y perfeccionismo publicitario (Gursky) son aceptadas en el sistema artístico gracias a su discurso literario.

A toda crítica. Colección Berardo

sin título (el arte del siglo XX en la Colección Berardo), Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña
Comisario: David Barro
Publicado en El Cultural, 13 de julio de 2006

La imposibilidad de construir un argumento completo y coherente de la historia del arte del siglo XX explica que incluso museos como la Tate Modern hayan preferido al principio una presentación temática antes que cronológica de su colección. En el caso de esta primera muestra en España de la portuguesa Colección Berardo, iniciada en 1993 pero que ya posee 863 obras de importantísimo rango a partir de la Tete de femme de Picasso de 1909, podía optarse por aislar algunas tendencias concretas, como ya se ha hecho en anteriores exposiciones, por ejemplo en la Fundación Serralves; o plantear algo más arriesgado y ambicioso, que ha sido la elección del joven comisario David Barro, con éxito.
Barro ha partido del convencimiento en la importancia de "implicar al público dentro del propio discurso expositivo, que es una de las principales características de un arte que ha dejado de ser un mero ejercicio contemplativo para convertirse en una suerte de ciencia del comportamiento" para urdir una trama compleja y fragmentada y, sin embargo, transparente en sus argumentos visuales, a lo cual debe atribuirse doble mérito dadas las dificultades de la sala. Pero antes, desde la calle, una gran escultura "Emergence" (1992) de Tony Cragg nos saluda, seguida en el vestíbulo por una videoescultura de Nam June Paik.
El inicio del recorrido es rotundo. La pieza más antigua, el "Portabotellas" (1914) de Marcel Duchamp, se encara con las "Cajas de Brillo" (1964) de su legítimo sucesor, Andy Warhol, y el agigantado bibelot de un perrito de porcelana (Bob Tailer, 1991) del banalizador Jeff Koons que nos advierten, junto a "Una y tres plantas" (1965) de Joseph Kosuth, de la complejidad del devenir del objeto y su representación en el arte del siglo XX, comprometido desde el principio en la autorreflexión de su estatus frente a los productos del diseño industrial, la reproducción aniquiladora de la autoría y la conciencia de la necesidad de resituar la "obra" en un Sistema del Arte que, en el contexto de una sociedad capitalista y de masas, ha de servir de expresión no ingenua de su propia función, inscrita en dependencias ideológicas y especulativas.
Después de estas evidencias, en que se patentizan las estrategias conceptuales y apropiacionistas, es mucho más fácil la excursión por ese "mapa para caminar sin mapa" fluido, pero regido por algunas de las coordenadas de lo que dio de sí el siglo XX desde la mirada de un paseante del XXI: las sucesivas muertes y resurrecciones, la hibridación de lenguajes y la dislocación en la percepción de nuestro cuerpo e identidad. En un "hipertexto lleno de saltos cronológicos y asociaciones formales y conceptuales", en donde juegan un papel determinante algunos ejes como las telas de Mondrian (1923) y Fiona Rae (1994) y el busto de la venus azul YKB de Yves Klein (1962), asistimos al protagonismo siempre refundador del dibujo (por ejemplo, con la maravillosa serie de papeles de ocho cuadrados negros de Kasimir Malevich y el boceto "Proun" de El Lissitzky); las complejas relaciones de la pintura con la espacialidad tridimensional (con una exquisita y siempre misteriosa tela de Lucio Fontana, el "Ácromo" de peluche de algodón blanco envejecido de Manzoni, la tela rayada sobre el suelo de Buren y el colorista ensamblaje de Imi Knoebel), del trazo y la mancha con la estampación de imprenta y la fotografía (Lichtenstein y Polke) y de su expresionismo gestual indisociable de su reflexividad conceptual (con una de esas telas figurativas invertidas del Baselitz de los años ochenta). Pero quizá aún más dramática ha sido la fricción de la imagen bidimensional con el transcurrir temporal, aludida aquí, por ejemplo, con las pistas narrativas de diez paneles de fotografías y tiza sobre cartón de las acciones de Acconci, uno de los típicos trípticos de Helena Almeida y la pequeña fotografía "Studio Drive-in, Coulder City" (1993) de Hiroshi Sugimoto, en donde la proyección cinematográfica ha sido cegada en blanco por la sobrexposición de la duración del film. Punto de llegada de propuestas minimalistas aquí muy bien representadas, con obras de Reinhardt, con un cuadro casi negro, Flavin, Judd y Carl Andre, provocando y rechazando la participación del espectador, a semejanza del propio ritmo sincopado de la siempre aplazada agonía y renovación del arte contemporáneo escindido entre la autorreferencialidad y el apremio de la vida real.
Finalmente, en esta exposición en la que las lecturas críticas van con mayúsculas, gracias también a la envergadura de las 38 obras de primera línea entresacadas de esta colección, y que abren lúcidas expectativas de comprensión del arte presente, un capítulo muy cuajado es el dedicado a la identidad compulsiva y fragmentada del sujeto, de sus pliegues e inestabilidad. Los retumbes mecánicos de la mesa redonda de más de dos metros de altura de Rebecca Horn dan paso a la enorme "Torsión" de la tela amarrada a una palometa de hierro de Anselmo que concluye con el invertido "Homenaje a Degas" de Juan Muñoz: dos colgados que giran suavemente y delatan el desfallecimiento frente a la alegría de vivir circense de aquel otro fin de siglo decimonónico, todavía positivista. Si a ello unimos las fotografías del pionero de Rodchenko, el travesti de Nan Goldin, la deconstrucción feminista de Cindy Sherman, el torso de Bourgeois y la cuarteada tela de Sarmento, el lector podrá hacerse buena idea de esta ejemplar conjunción.


59 maestros de hoy

Arte español del siglo XX en la colección BBVA, Madrid
Publicado en El Cultural, 4 de mayo de 2006
La buena noticia es que también la Fundación BBVA, como anunció hace bien poco la Fundación Santander Central Hispano, está decidida a redoblar sus esfuerzos en arte contemporáneo. Y será el mismo equipo asesor del programa bienal de revisión de la creación actual, formado por Carmen Giménez, Rosa M. Malet y Miguel Zugaza, el encargado de rellenar los huecos en su colección de arte del siglo XX. Como anticipo, en esta muestra se presentan ya dos adquisiciones recientes: el dibujo intimista “Mano y cabello” de Julio González de 1941, un año antes de la muerte del autor, y una arpillera rota y casi negra de Millares, completando la mirada al grupo El Paso, uno de los movimientos del arte español del siglo XX mejor representados en esta colección.
Y la excelente noticia es que al menos un tercio de las 59 obras presentadas deben considerarse por fuerza obras mayores de nuestros maestros y artistas destacados, desde la posguerra hasta 1995, fecha de la obra expuesta producida más recientemente, la maravillosa ventana abstracta de Soledad Sevilla (pero fecha significativa también en cuanto desde los noventa el arte español requiere una lectura muy distante de la ofrecida por la selección de esta colección). Lo cual asegura el disfrute del previsible mayoritario público de esta exposición. Entre las inolvidables, subrayaría la “Forme gris bleuâtre” (1955) de Antoni Tàpies, “Utsgoikoa”, una de las piezas de la serie “Cajas metafísicas” (1958) de Jorge de Oteiza, el inquietante bajorrelieve en bronce “Mujer dormida” (1960) de Antonio López, la Marina (1981) onírica de Gonzalo Chillida junto a uno de los papeles de su hermano (“Aundi II”, 1970), la tabla excavada ”Blanco fin” (1981) de Lucio Muñoz, el collage del mismo año de Esteban Vicente y el muy próximo “Comienzo rosa y amarillo” de José Guerrero. También de esta década de los ochenta especialmente bien representada, además del tótem en granito embadurnado de ceras negras (“Piedra”, 1982) de Adolfo Schlosser, la tela de José Manuel Broto, el retrato de Dora Maar de Antonio Saura, la “Yantra III” de Pablo Palazuelo, el acrílico “Mouse-paisaje-globo” del maestro Luis Gordillo, la “Terna” caliza de Andreu Alfaro, la tela mayor y resultona “Les baigneuses” de Frederic Amat, el “Tulip I” de la decisiva y depurativa serie que llevaría a José María Sicilia a la abstracción, el inflamado lienzo en rojos de Darío Urzay y la gran pintura casi blanca “Pysage pour aveugles sur fond vert” de Barceló. Y ya en los noventa, la inmersión en remolino amarillo matérico de “Heliogabalus y el mar” de Darío Álvarez Basso, junto a la escurrida y mística telita “Cementerio sufí” de Juan Carlos Savater. Obras todas ellas que detienen e interrogan, por su potencia y excelencia específica, e incluso independientemente de nuestra mayor o menor afinidad con sus creadores. De ahí el acierto de los detallados comentarios en cada una de sus fichas para el catálogo -a cargo de Carmen Bernárdez, Didier Gasc y Alberto Pancorbo, junto al propio comisario, Francisco Calvo Serraller- que darán la oportunidad de situar la obra en la trayectoria de su creador y, aún más importante, acercarnos al momento preciso en que estas piezas fueron concebidas.
Al margen, pues, de la sagaz selección de obras, sólo tristemente desfavorecida por la inadecuación y escasez de espacio que requerirían para su óptima contemplación y encuentro con el espectador, otra cuestión es si lo presentado da cuenta del arte español en el periodo acotado en torno a segunda mitad del siglo XX. Ante tal encargo, es lógico que el comisario, uno de los más reputados críticos de nuestro país y a la sazón catedrático de historia del arte, intente ajustar mediante cruces cronológicos y estilísticos lo coleccionado a un panorama comprensivo de este periodo; siendo destacable, además, la apuesta que Argentaria, una de las entidades aglutinadas hoy en el grupo BBVA, hizo durante la década de los ochenta por el arte español contemporáneo, cuando este posicionamiento era considerado inusual y arriesgado por otras entidades bancarias. Pero las carencias que todavía arrastra esta colección no son sólo de algunos nombres; sino auténticas calvas, como, por ejemplo, la que F.C.S. llama “hipervanguardia radicalizada” de los grupos de artistas españoles conceptuales de los setenta y su larga herencia. Lo que supone una distorsión absoluta de nuestra historia a la cual no sólo han contribuido las colecciones privadas, que en principio han de ser recibidas con toda suerte de parabienes, sino también las colecciones públicas en las últimas décadas y hasta la actualidad, salvo excepción. Y esto es más grave.

Cuidar la colección

Colección Grupo Santander, Fundación Santander Central Hispano, Madrid
Publicado en El Cultural, 2 de febrero de 2006

La presentación de un nuevo catálogo con la selección de lo mejor de la Colección Grupo Santander es una muy buena noticia para el mundo del arte español, preocupado últimamente con la tendencia de algunas fundaciones a derivar sus patrocinios al sector de ayuda asistencial, tan necesaria, pero en detrimento de su apoyo a la cultura y quizás a la espera de mejoras en su tratamiento fiscal. Ciertamente, se trata de una colección excepcional, pues abarca obras desde el siglo XVI hasta el presente, con telas tan destacadas del XVII como el “Cristo agonizante” y la “Asunción” de El Greco, una amplia representación de la pintura de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX (Pérez Villaamil, Pinazo, Regoyos, Rusiñol, Casas, Nonell, Zuloaga, Sorolla …) y los artistas más representativos de nuestra tradición contemporánea (Picasso, Miró, Gutiérrez Solana, Bores, Clavé, Guerrero, Saura, Gordillo, Palazuelo, Tàpies, Barceló, Sevilla …), además de esculturas y un importante grupo de manufacturas decorativas (tapices, mobiliario, cerámica). Lo que conforma un conjunto que bien podría rivalizar con la mayoría de los Museos de Bellas Artes provinciales y que da buena cuenta de los principales géneros desde el Renacimiento: la iconografía religiosa, el retrato, la escena histórica y el costumbrismo, bodegones y paisajes; así como el decisivo giro formalista de la Modernidad.
“Colección de colecciones”, como gusta denominarla Javier Aguado, director gerente de la Fundación Santander Central Hispano, a lo largo de los últimos veinte años sus fondos se han ido enriqueciendo en el proceso de fusiones bancarias, en una suerte de versión contemporánea de la consolidación por herencia de las antiguas colecciones de la realeza; aunque no esté de más destacar, en su origen, la labor de Juan Lladó en el Banco Urquijo, como pionero del patrocinio empresarial en España. Registradas esas fusiones en los catálogos completos de 1991 y 1996, esta selección es una declaración de las acciones que se han llevado a cabo en los últimos años, como la depuración de obras que no reunían calidad suficiente o no terminaban de encajar en la colección y la actualización de las fichas de catalogación debida a nuevas atribuciones, cambios en la datación o nuevas e incisivas consideraciones desde el punto de vista historiográfico y de su conservación a cargo de los principales asesores y colaboradores de la Fundación, entre los que destacan A. Pérez Sánchez, F. Calvo Serraller, M. Díaz Padrón, F. Fontbona, J.J. Junquera, y ahora precedidos por el estudio preliminar del profesor J. M. Cruz Valdovinos.
La reflexión sobre qué papel podría jugar esta colección en los albores del siglo XXI ha llevado a una reformulación de criterios, de corte bastante anglosajón, que no podemos dejar de valorar. Por una parte, se ha iniciado un programa de adquisición de esculturas, aún abierto, con las incorporaciones recientes de la “Conversation piece” de Juan Muñoz y uno de los “Pasadizos vegetales” de Cristina Iglesias junto a importantes piezas de Anish Kapoor, Richard Deacon, Dan Graham y la monumental “Vertical torus” de Richard Serra, una doble pared convexa en acero córtex que cuenta diez metros de largo por cinco de alto, reconociéndose en lo que tradicionalmente se ha considerado patrocinio mayor. Y es un detalle de buen gusto que en el catálogo, además, vengan acompañadas en muchos casos de textos de los propios artistas. Las esculturas, por otra parte, rodean ya los edificios de la nueva Ciudad del Grupo Santander en Boadilla del Monte, donde se ha dispuesto un espacio de más de tres mil metros cuadrados para la exposición permanente de doscientas piezas de la colección, que en un futuro podrá ser contemplada mediante petición y en visitas guiadas. La decisión de dotarla de una sede definitiva es excepcional, así como una apuesta de futuro su emplazamiento en el gran cinturón urbano que está creciendo en torno a la capital. En suma, reafirma el lugar prominente de esta Fundación, avalada por la importancia que otorga a su compromiso de cuidar el patrimonio artístico y acrecentar la colección.

Lenguajes de papel

Colección Circa XX Pilar Citoler, Círculo de Bellas Artes y Sala Alcalá 31, Madrid
Comisaria: Pilar Borrás
Publicado en Cultura/s, 5 de noviembre de 2008

Como dibujar sobre papel es la primera expresión plasmada de todos nosotros desde muy pequeños, de adultos comprendemos mejor que cualquier otra manifestación plástica el hallazgo y la valía de la invención y de la excelencia en su ejecución. En tan modesto soporte no se puede mentir. Pero su desnudez, tan próxima, agiganta las buenas ideas, concentra la emoción y domestica la frialdad de las estructuras abstractas. La colección Circa XX de obras sobre papel contiene dibujos, collages, grabados, litografías, alguna serigrafía, cuadernos; y un buen conjunto de fotografías que abarca, desde un pequeño gabinete de retratos de artistas muy escogido: Picasso, Miró, Duchamp, Beuys a las grandes ampliaciones del conceptualismo fotográfico reciente. En total, 350 obras para revisitar y redescubrir a maestros, movimientos y ciertos artistas entre los que la coleccionista reconoce una hermandad: Emil Nolde, Le Corbusier, Jesse Fernández, Leonor Fini, Conrad Marca-Relli, Henri Michaux o Ben Nicholson “en los que el arte era vivido con una intensidad extrema y para los que la creación se origina siempre desde un sentimiento íntimo en el que es fundamental ser consecuente, sincero, con su propia obra”.
Porque Pilar Citoler, presidenta del Patronato del MNCARS, cada vez está más convencida de que una colección “está llena de misterios, de lecturas imposibles que te incitan al ejercicio de descifrarla”, tras la primera presentación que hiciera ya hace unos años de sus pinturas y esculturas, de dictado lineal y académico, ahora en el montaje de esta muestra ha elegido lecturas más abiertas. Donde el juego de afinidades formales y temáticas protege el intransferible quehacer de cada artista de los manidos encasillamientos, con abundantes sorpresas y diálogos inesperados: por ejemplo, Chillida, Ellsworth Kelly, Asins y Palazuelo; o las miradas sobre las mujeres de Tinguely, Allen Jones y Larry Rivers. Una conversación en la que se diluyen las otrora irreconciliables tendencias del siglo XX: figuración y abstracción, lenguaje formalista e irrupción del inconsciente. Una gran lección construida con índices menudos, y casi susurros al oído, en un recorrido por un elenco de obras muy bien escogidas –como sólo puede hacerse desde la subjetividad sensible-, sin duda envidiable para cualquier colección corporativa, y aún muy superior a las colecciones sobre papel de la mayoría de los museos de arte contemporáneo en nuestro país.
Picasso, De Chirico, Man Ray y Grete Stern, Appel, Bacon y Baselitz, Rauschenberg, Warhol y Lichstentein, Hockney, Bourgeois y Tony Oursler, Schnabel e Ida Applebroog …; junto a Matta, Pons, Saura y Gordillo, Barceló, Plensa, Solana y Miralda …. Son sólo algunas de las firmas de este paseo por el arte del siglo XX, con sus vericuetos y jardines, que enseña también lo que ha dado de sí el coleccionismo desde que en los años sesenta comenzara a democratizarse la adquisición de obra gráfica y la revalorización de la obra sobre papel en nuestro país.